Besando sapos

¿Qué hace una cuando se da cuenta de que la están usando? Porque ya asumimos que no es “uso mutuo”. Porque el tipo te usa, sí: t-e- u-s-a. Porque cuando querés imponer tus ganas y tu tiempo, él no puede, está ocupado. Y además, lo peor, es que vos sabés que estás esperando algo más. Ese llamado, ese mensaje que te diga que quiere estar con vos. Y no, con suerte, llega un mensaje que dice”si no tenés nada que hacer esta noche, venite, pero un poco más tarde, porque vienen mis amigos”. Y vos vas, porq el tipo te gusta, como vos a él, pero además te interesa, como vos NO a él. Ese es el detalle, que se abre como un enorme grieta, y te deja del otro lado. Sola, esperando, esperándolo.
Simplemente me tengo que acordar de que no hay caballo, no hay título nobiliario, no hay más de lo que hay en una noche confusa.
No quiero príncipes. Sólo hombres, pero de verdad.

Enredada en lanas

Todavía no volvió. Creo que es tiempo de que la espera se termine. Rompen las olas una vez más, trayendo los años, uno tras otro, y nunca se terminan.
Lo salgo a buscar, o elijo un pretendiente… si todavía queda alguno. Pero no tejo más. Este terrible engaño ni siquiera me va a dejar ver con claridad si es él el que entra nuevamente. Los ojos, magníficos portales, habituados al vaivén de las agujas, están olvidando qué hay algo más allá, o más acá. Qué hay algo…
No entiendo si será una maldición, pero más de una nos convertimos en la fiel esposa de Ítaca, tejedoras incansables, sumisas miopes que no saben seguir adelante. Y Ulises no vuelve, o nunca estuvo. Ahora me pregunto, si hay tantas muchachas “esperadoras” ¿Existen tantos navegantes que retornan? Y si es así ¿Dónde están?¿Cuándo vuelven? Y lo más temido…¿Qué pasa si nunca llegaron?
No quiero seguir hablando de espera, quiero hablar de viajes… ¿Porqué no puede salir la tejedora a navegar?

Hello world!

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